jueves, 9 de diciembre de 2010

Torre de la Libertad

Si van a Miami en la Biscayne Boulevard cerca del parque que se llamaba de las palomas por la cantidad de palomas que dicen las malas lenguas que los exiliados se comieron luego, y ahora es Bayside, casi cerca de la entrada o salida de la pista hacia Miami Beach verán un edificio grande antiguo de color limoncillo-rosa, ese es Freedom Tower, un landscape de la ciudad.

Tengo entendido que la torre fue así bautizada a raíz de las actividades pro los exiliados, en aquel entonces llamados  refugiados políticos, y  conmemora la libertad brindada por el país de las libertades.  Para nosotros la torre se llamaba The Refugee Center, el centro para refugiados, el REFUGIO.

Un edificio que albergaba todas las oficinas para recibir a los que venían de la isla y se les estaba dando el asilo político. Hay compañeros que llegaron por medio  del programa Peter Pan, esto es niños, jóvenes sin familia en el país  que la Iglesia Católica los recibía, los albergaban en casas como la de White Hall en Brickel Avenue.  Otros los mandaban a Opa -Locka a centros no controlados por la Iglesia Catolica, hoy Caritas, ni  tan expertos en el tratar a  jóvenes no delincuentes, siendo su único pecado o delito el  estar solos en una ciudad, un país desconocido y haber dejado atrás todo, incluyendo a sus padres y hermanos o hermanas, su familia.

En el centro de refugiados había médicos, trabajadores sociales  y personas en plan de ayudar para suplir los que las familias no pudiesen. Pasamos a ser parte del Welfare sin danos cuenta. Teníamos un Parole, pasamos a ser asilados, y refugiados del welfare.  Mi tarjeta de refugiado decía que yo era “cabeza de familia”, catorce años cumplidos hacía dos meses, cabeza de…

Cuando mis padres llegaron en agosto 4 de ese año, 1961,  les empezaron a ayudar con un cheque de 75 dólares el cual se iba en pagar el apartamento que alquilamos cerca de mi tía Georgina en la décima del south west .  Nos daban comida que básicamente era harina de maíz, carne tipo spam en latas grandes, huevo en polvo, leche en polvo.  También pasta de dientes, enjuague bucal, Lucky Strike.  Todo duraba unos 15 días.

Luego meses más tarde el centro avisó a mis padres que ya la ayuda no podía ser mantenida por más tiempo y debían escoger a donde ir fuera del área de Miami, para allá serian trasladados  pagándoles el pasaje aéreo y tres  meses  de dinero del Welfare  para que se asentaran, el cual debían devolver  en un tiempo prudente al empezar a trabajar, en el sitio escogido le buscarían trabajo. Ellos escogieron Chicago,  detrás de mi hermana y Nino,  yo escogí quedarme solo en Miami con mis 15, casi 16 años. Las autoridades buscaban una desconcentración de isleños en el área, pero de todas formas Miami se convertiría en la capital del exilio, la nueva Meca a la cual había que regresar o al menos visitar de cuando en vez.  La historia, el tiempo  así lo ha hecho ver.

No cabe duda que sin el apoyo económico del Centro para Refugiados todo hubiese sido más difícil de lo que ya fue.  Mi padre de vicepresidente de la Publicitaria  McCann Erickson pasó a ser empalmador de papeles en una imprenta, de pie las 10 horas, para  caminar sus  12 cuadras de ida y sus 12 de vuelta para ahorrar.  Yo trabajaba en una bomba de gasolina gracias a un pariente de un ex novio de mi hermana, yo aun tenía 15, echando gasolina, limpiando los vidrios, tapando los piches de las gomas, ayudando a mecaniquear.

Ahí aprendí  lo que era un freno, un acelerador y un cloche.  Ganaba $25 a la semana, de lunes a sábados. Ya a los 14 me tocó limpiar baños, y pintar paredes de casas por dentro.  A los trece estaba en Kohly, Marianao, ciudad de la Habana asistiendo a un colegio bilingüe, The Phillip´s School , donde estudié desde Kinder hasta el noveno. ¡Quien lo iba a decir!  Tuvimos que hacernos  hombres antes de tiempo. No nos dejaron ser jóvenes,  algunos dirían que niños.  ¡Cuántas  materias quedaron pendientes por vivir!

2 de noviembre 2010

martes, 7 de diciembre de 2010

Inicia la independencia.

Era muy temprano. No recuerdo como estaba vestido. ¿Que tenía en las manos? , no sé, tampoco  viene imagen alguna de esos detalles.

¿Qué recuerdo?  En el portal de la casa espero, ansioso, nervioso, inseguro. Mi mama está a mi lado. Al rato viene un autobús pequeño, verde con una franja amarilla en el medio. Debo bajar las escaleras y entrar. Me siento detrás del chofer, estoy solo, acompañado de un montón mas como yo, pero que si saben a dónde van y para que, yo no.

Llegamos, todos bajan, yo de ultimo. ¿Y ahora qué?  Entro al edificio y en el primer salón que vi, no el segundo donde había una joven agradable, entro y me siento.  Yo no iba ahí, era otro salón, me niego levantarme.  Llloro, no hago berrinche, pero más o menos. Gane, me dejaron. Empecé obstinado.

Tenía 4 años y medio, septiembre del  51.  Comencé la escuela. Que comienzo tan desastroso, y doloroso, aun lo recuerdo. Por que hacen eso de mandar a uno a lo desconocido, sin prepararnos, sin haber visto el lugar, sin conocer persona alguna. Todo, absolutamente todo de pronto nuevo.

En el recreo salí, comí, no sé cómo, si las compre o que, no acierto a recordar, una galletas saladas en funda transparente y ribetes rojos. Volví al mismo salón, iba a Kindergarten  y termine quedándome en pre- primario. Lo hice bien, no tuve que retroceder.

No hay  dato en mi memoria de forma consciente antes de lo anterior, este lo marco todo.

El próximo recuerdo fue cuando me presentaron a Luisito, mi amigo mayor en edad que yo, cabezón, blanco rubio y ojos azules, hijo de español, una hermana mayor, Lolita. Allá todo era  por diminutivo, Jorgito, Luisito, Lolita. Se acababan de mudar frente a casa y no sé por qué fue mi mama quien me lo introdujo a mi vida.

Mi primera bicicleta era azul con rueditas, yo  la montaba por la acera de la cuadra, nunca en la calle.  Alguien le quito una ruedita para que fuese acostumbrándome.  Mi hermana aparece continuamente en esa escena, enseñándome a montar, el equilibrio y un día arranque con la ruedita arriba, o sea sin rueditas y ya no me pararon. Comía en la bicicleta, dormía en la bicicleta y  la acera se convirtió en calle, avenidas, barrio, club, a donde mi imaginación me permitiese llegar con la edad. Me disfrazaba de Zorro en mi bici, ya roja, la segunda, más grande, una Niágara. Ya no era Jorgito el que iba ahí, sino el Zorro, y cuidado si me llamaban Jorgito, no oía. En el 59 me la robaron por bonachón y vino la tercera, una JC Higgins, todo un motor siendo una simple bicicleta, ese era mi mayor tesoro.

Luces adelante, y atrás, frenabas y se encendían las luces de atrás, un dinamo para las luces y sus baterías, niquelada, unos tremendos muelles y las gomas anchas y de banda blanca, parrilla delante para los mandados, parrilla atrás para poder montar a alguien cómodamente.  Mi padre me la compro en Sears, pero bajo la condición de que debía ir al colegio en bici aunque lloviese y con el dinero de la guagua pagar la mensualidad de la bicicleta y así se hizo.  Realmente el no fue a comprarla, fui yo porque me habían robado la roja, y me enamore de la JC Higgins, y  lo llame al trabajo, hablamos, convencí, convenció y le pase el teléfono al vendedor y me la llevaron a casa en un  camión. Cuanto costo, no sé, pero pienso que todos los cuartos del mundo.

No sé si esa libertad en la bicicleta fue lo que provoco que los Reyes Magos me dejasen una noche del 5 para el 6 de enero un saco de carbón, y más nada. Yo les había dejado  su botella de ron que amaneció  vacía, con tres vasitos, su cubo de agua y su hierba para los camellos y a mí me dejaron el carbón.  Bueno, yo salí ese día 6 con mi carbón a pintar todas las aceras, a jugar a los ceritos, al Tic Tac Toc, a la brincadera con un pie del uno al nueve, y que se yo… Luego supe que quien se porta mal le dejan los Reyes carbón, yo aun no se qué fue lo que hice mal, pero goce el carbón.

La escuela, mi bicicleta y mi amistad con Luisito marcaron el inicio de mi independencia de mi familia, de mi mama, más que nada. La bicicleta me abrió caminos y libertad de movimientos, Luisito al ser mayor me abrió otros caminos y la escuela, bueno esa escuela si me hizo aprender, me hizo investigar, abrir mi campo de acción, me hizo ser lo que hoy soy en un gran por ciento, fue una muy buena zapata para seguir construyendo.

Comencé mi camino a la pandilla del barrio, a mis compañeros de escuela, a conocer por mi mismo lo que me rodeaba en aquel entonces. Pienso que les salí demasiado independiente a mis padres. Si ellos se arrepintieron de eso, nunca me lo dijeron, supongo que lo sufrieron, solo eso, lo sufrieron en silencio, así es que sufrimos los padres.

23 de noviembre 2010

jueves, 2 de diciembre de 2010

Aun recuerdo los sabados. Num. 4

Todavía recuerdo los sábados.   Mi hermana cumplió 15 en noviembre  y estos fueron celebrados en mi casa. Las amigas de mi hermana, todas que yo recuerde, lo celebraron en un club, en nuestro caso mi papa voto la casa por la ventana. Hubo que sacar todos los muebles para que pudiesen bailar en la sala, hubo un grupo musical modesto  y el toca  discos; mucha  picadera de croquetas, cangrejitos, pastelitos y las bebidas con mozos que iban y venían por la casa, que no era grande, para mí era inmensa en aquel entonces, pero no, era pequeña, diminuta para tanta gente. Al otro día  las amistades  dijeron que se habían divertido mas en esta fiesta que en las otras, al menos eso grabe.

Alrededor de los 15 de mi hermana yo relaciono la época de Lucho Gatica con La Barca, El reloj; Nat King Cole, Los Cinco Latinos. Todo romántico.  También relaciono el ataque de los estudiantes universitarios del Directorio al Palacio Presidencial en época de Batista y la muerte de José Antonio Echevarría cuando intentaba entrar a esconderse en la universidad por una pared lateral. Su imagen el piso también la grabe. Fue en el 57.

Al cumplir mi hermana los 15 yo andaba por los 7, puede que sea coincidencia, pero relaciono sus quince con mis salidas con mi papa los sábados, de ahí que les conté lo de los quince.  Dicen que a los siete años uno  entra a la edad de la razón, el caso es que todos los sábados en la mañana mi padre y yo salíamos temprano caminando por nuestra  cuadra  hasta la esquina por donde pasaban los autobuses casi cada 30 segundos, uno diferente y ahí tomábamos la 22 o la 28 hasta 12 y 23, cerca del cementerio y donde preparaban los sándwiches cubanos por excelencia. No íbamos ni al cementerio ni a comer sandwiches, sino a tomar otro autobús dependiendo a donde fuéramos a ir luego. Hacíamos una trasferencia.

Visitábamos unas propiedades en las que había invertido para nosotros para cuando creciéramos, unas casas en construcción. No recuerdo para nada donde era.  También íbamos al canal 4 cerca de la universidad  o a la CMQ y no hacía falta transferencia. También visitábamos el periódico El Mundo, si mal no recuerdo, y por supuesto a la oficina de publicidad McErickson en el Malecón donde  trabajaba  y era vicepresidente; debajo,   en el edificio, se vendían autos y entre ellos el Excel de corta duración en el mercado. A veces me enseñaban distintas caratulas, trabajos o cajetillas de varios colores y yo seleccionaba la que me gustaba y decía por que me gustaba y anotaban. Cuando lo veía publicado o en TV me daba un gusto interno saber que yo lo había escogido.  Pasábamos rato en la oficina y de ahí se terminaba en la bodega, a unas tres cuadras, donde se juntaba a jugar cubilete y beber sus cervezas o high ball y yo a picar galleticas preparadas y refresco.

El recorrido  que mas me gustaba y aun adoro es cuando íbamos al centro de la ciudad por Galiano y San Rafael, pienso, no estoy seguro y en la Opera abajo había una cafetería que vendían constantemente pastelitos de carne, cangrejo, pollo, camarones,… por acá le llaman turquitos.  También caminábamos por la Habana Vieja, el Prado. Me fascinaba estar con mi padre y salir con él, era una forma de participar de su vida.  Claro, no permanecíamos mudos todo el tiempo, sino el me explicaba, me mostraba y compartía su vida, su forma de pensar.

Llegábamos siempre puntuales para el almuerzo de cada sábado cerca de la 1 de la tarde.

En Miami no salimos mucho, o no salimos. De esa época lo que mas recuerdo es a mi padre llorando, mordiéndose la parte superior de los dedos y sentado en un butacón viejo, de terciopelo rojo.  Yo  llegaba de la calle y  lo vi, le pregunte qué pasaba y solo me contesto que no tenía dinero, se sentía mal y no había ni para un cigarrillo. El siempre fue fumador empedernido de cigarrillo negro hasta que le dio su primer golpe de corazón.

Al  pasar por Chicago en el verano, antes de venir para Dominicana en el 64 volvimos a salir los sábados. Ya muy distinto.  Caminábamos por la cuadra no buscando el autobús sino el tren elevado que pasaba como a tres cuadras del apartamento. Ahí  subíamos las escaleras para  montarnos en el tren hasta el Loop o centro de la ciudad.

Ya no había oficina, de hecho nunca conocí donde él trabajaba como ascensorista de esos ascensores de palanca y cerrar la reja, para luego ser contable y terminar siendo jefe de contabilidad de una firma de publicaciones.  Eso es otro cuento.   El deseaba mostrarme a donde él iba todos los días antes o después del trabajo, no sé como la encontró, porque dio vueltas, dobla aquí y allá, ahí estaba una capilla pequeña con muy poca luz y personas.  Iba todos los días a estar un rato con Dios. No le gustaba que lo viesen estar con Dios, me lo imagino llorando y mordiéndose los dedos de vez en cuando ya sea por una cosa u otra. Estar vivo es más difícil que no estarlo, y el poco a poco se moría internamente, pienso que lo sentía así, mas aun si yo me iba y los dejaba solos, a él y a mi madre.  Uno de joven es egoísta con los que quiere, no aquilata su cariño y valor. El tiempo nos enseña. El no murió físicamente de una vez, es que lo sentía, se apagaba, uno se cansa de luchar, caer y levantarse, el cuerpo lo siente. Todavía no era hora,  le faltaba dos ataques al corazón y luego el definitivo.

A otro sitio que me llevo fue a una iglesia grande, como las de allá y se daba la misa y desde el comienzo hasta el final dos sacerdotes daban la comunión continuamente a personas que entraban comulgaban y se iban. Eso me impresiono, no sabía que había en aquel entonces tanta gente joven que salía del trabajo en hora del lunch y como parte de su  almuerzo, el cuerpo de Cristo.  

No había pastelitos de guayaba, pero si una cafetería que frecuentaba a tomar algo y entramos. Nada especial, nunca como en la isla. No puedo dejar de decir que en esas salidas entendí por que le dicen a Chicago la ciudad de los vientos. Había,  momentos en que nos teníamos que agarrar  uno al otro para que el aire no nos tumbara al cruzar las calles o caminar pegados a las paredes de los edificios. ¡Ya me imagino eso en invierno!

Aprovecho en esos días a que escuchase con detenimiento una canción de Dean Martin que a él le gustaba y se oía en aquel entonces, “Everybody Loves Somebody”.  La parte que preferia era    “if I had it in my power I would arrange for every girl to have your charm…every boy would find what I found in your arms”.
Puede que fuese  una forma de  hacerme ver que existía otro tipo de amor y no solo el camino que yo estaba escogiendo en aquel entonces. Hoy día esa canción es el “timbre” de mi celular. Los sábados aun me gusta comer mis turquitos, en su honor, por supuesto.       

  17 de noviembre 2010

martes, 30 de noviembre de 2010

Solitario.

Definitivamente  soy un hombre solitario, no solo, sino solitario. Necesito mis espacios.  Leer, escribir, ver TV, mirar el techo, pensar, meditar, volver a ver el techo. Me gusta estar con otros, pero sin gritar, bocear, hablar fuera de tono. Me gusta más la intimidad.  Conversar con dos o tres personas,  intercambiar, preguntar y preguntar.  No me gusta que me invadan mi territorio. Si fuese un can orinaría a cada rato todo a mi alrededor.

Solitario, de vez en cuando sin nadie cerca de mí.  Solo conmigo mismo, pero no siempre, que conste.

Hablando de solitario. Aun no era un púber y mi tía Lía me enseño a jugar solitario. Cartas españolas. Lía  se pasaba horas y horas jugando sola, solitario.

Rosalía era su nombre real, mi tía abuela.  Tía de mi padre y sus otros 5 hermanos, eran 3 varones y 3 hembras.  No sé la razón, pero  Lía se encargo de ellos 6, los crio y los llevo a feliz camino. Nunca se caso, no habría tenido tiempo para eso con tantas responsabilidades de criar seis. Nunca supe  donde salía el dinero, si  hacia labores para buscar lo necesario o había un bien de familia, no sé, solo que ella los crio, educo.

Como ya dije no se caso. Prefiero pensar  que una mujer tan sagaz, astuta e inteligente no iba a encontrar un hombre a su nivel. Prefiero pensar que ningún hombre se merecía su dedicación, bondad, suavidad y entereza excepto sus sobrinos – hijos,  o hijos – sobrinos.

Vivía  en los últimos tiempos con mi tío Rafael en la playa de Tarara, donde tenía su propio habitat espacioso y privado dentro de la casa de playa.  Nosotros, menos pudientes que mI  tío, y más en número, la recibíamos para las navidades y en el verano.  Por lo menos en esos días.  Al llegar se hospedaba en mi cuarto con su baño aparte y en un medio piso que le daba privacidad. Yo se lo cedía. Nunca me costo, ni me importuno que ella se hiciese dueña del cuarto. Yo dormía en un catre tipo  ejército en un hall o pasillo del piso bajo.

Me gustaba oír sus cuentos y estar con ella. Hoy, no sé por qué, pienso que la tendencia espiritual y mis inquietudes en esa rama, se lo debo a ella. No tengo detalles, pero es así.  Sé que sentía “cosas”, las “veía”. Todos la respetaban, mas aun con su avanzada edad que es cuando estuvo en contacto conmigo.

Siempre digo que ella me enseño a beber. Si, es así. Yo era tan flaco en aquel entones y tan desganado que cuando la visitábamos en su casa que compartía  con otra hermana antes de mudarse con Rafael, cerca de mi tía Georgina,  me daba medio vaso de cerveza o un vasito cervecero entero. ¿Cuándo?  Antes del almuerzo, y yo comía.

Celebrándose  en la Habana la manifestación de los campesinos o guajiros, ella estaba interna, se estaba yendo, cáncer. Recuerdo que vomitaba mucha sangre.  Me llevaron a verla, a despedirme, eso entiendo ahora. Trate de besarla y no quiso, por lo de la sangre. Recuerdo que me dijo que me iría muy bien en los estudios, seria estudioso, un hombre de Dios y maestro.

Bueno, quien me conoce hoy día diría que profetizo.  Yo he recordado todo esto con el tiempo, pero en aquel momento no lo tome muy  en cuenta. Lía se fue con la revolución, llegando una saliendo la otra. Yo ni pensaba dejar atrás tierra que nos vio nacer, mientras ella  no pudo vernos crecer como hombres.

Guardo una foto de ella, Rosalía Ruiz,  más joven que cuando la conocí, elegante, alta, esbelta tendiendo a delgada y con su carácter recto, no dominante, pero imponente con su suavidad convincente. Sus ojos brillosos.

Lía era la madre que mi padre no conoció, ella hizo ese papel, con él y con los otros cinco. Si había que decidir algo y no había claridad para la decisión, ella aconsejaba humildemente lo debido y se hacía.  Cuando ella se fue, mi tío Rafael junto a mi papa, los dos  asumieron el rol, los nuevos jefes de la familia. Se de eso, cuando mi padre murió, me toco a mí. El mando de generaciones.

Cartas españolas, solitario, solo da  mi tía Lía en su sillón, el mío, con una bandeja de madera enfrente jugando cartas,  quizás, leyéndolas,  yo  no supe nunca, para mí era solitario.

04 de octubre 2010, 

jueves, 25 de noviembre de 2010

La Gorda.

Vino con el día de Reyes, un 6 de enero del  1914. No siempre fue gorda, pero todo indica que yo al nacer le provoque que engordara y no regresara atrás, así como su espalda quedase adolorida por siempre.

La parte religiosa de mi persona viene de ella. Es quien  me acercó a la música, a la cocina, a los animales, a la naturaleza en general. Si hice la primera comunión fue por su insistencia ya que era ella quien me llevaba a la catequesis mientras  participaba en sus ensayos del coro. El que yo fuese luego catequista en la Iglesia de San Agustín me imagino que tuvo su intervención sutil.

Recuerdo con mucha claridad a finales del año 60 o principios del 61  estando  nosotros en misa, a las salidas de la iglesia se habían apostado unos militares con ametralladoras antiaéreas  de paticas y no dejaban salir a nadie.  Yo como había ido en mi bicicleta se me ocurrió que podía perderla, y la recogí. y traté de salir por la puerta trasera. Me dejaron salir. Fui a casa, deje la bici y volví. El militar al verme volver solo dijo que si entraba no salía, y entré. Al cabo de un buen rato dejaron salir a todos poco a poco bajo un registro y dejando todas las monedas que uno tuviese con ellos. En aquella época  las monedas eran hechas de metal de valor real, no como ahora. Mamá y yo regresamos. Acusaban a las iglesias de acaparar las monedas y hacer escasear a propósito el uso de las mismas.

La gorda lucia humilde y suave, pero era fuerte de carácter y algo orgullosa, no le gustaba que la confundiesen con las  chinas poblanas, las indígenas del pueblo allá en Mérida, evitaba ponerse ropa típica que hoy todos usan, pero para ella eso era prohibitivo.   También para ella fue prohibitivo el vestirse de rojo y negro, de una vez se quejaba, esos eran los colores de la revolución.

No piensen que nosotros no estábamos con la revolución, no. A papa lo llevaron al "laguito" en época de Batista y se salvó de chepa. El laguito era una parte de Miramar donde solían aparecer personas ahorcadas que no eran batistianos. Papá había sido del ABC en contra de Machado y mantenía su rebeldía en cuestión de política. Al llegar Fidel a la Habana salimos como todos a recibirlo en plena fiesta a la 42, camino a Columbia donde dió su discurso con Camilo Cienfuegos a su lado y las palomas en el hombro.  Cuando Camilo desapareció en el mar misteriosamente,  ese día las cosas empezaron a cambiar en mi casa referente a la revolución, Nadie dijo nada, pero son de esas cosas que se sienten. Mi hermana en las navidades del 59 para el 60 regreso diciendo que en Miami se decía que la revolución era comunista, y nosotros nos reímos y dijimos que cómo iba a ser, yo también me reí aunque  no tenía idea de lo que era el comunismo.  

En los días previos a la invasión de abril llamaron a mi casa preguntando por mí y dejaron el recado de que me juntase en un lugar. Luego supe que se lo calló, no me dijo nada. Los que fueron al punto fueron apresados y llevados al Palacio de los Deportes junto a muchos otros.

En el  físico la Gorda no se parecía a mis otras dos tías, Paquita y María, yo la relajaba diciendo que ella era hija del lechero, ella solo se reía.  Salió de México, perdón, Mérida, Yucatán hacia la Habana cuando mi abuela María del Carmen murió.  No conocí personalmente  a nadie de su familia excepto a mis dos tías quienes vivían en el piso de arriba de mi casa, realmente la casa era de ellas. Pude conocer  donde ella vivió cuando niña  al visitar Mérida, en la avenida principal donde no hay casas, sino residencias con todo su esplendor de entonces.

En la Habana se mudó con Paquita y su esposo Ramón, este último fue como su padre, ya que no conoció al suyo propio.  De ahí viene mi nombre de Jorge Ramón, el caso es que tampoco lo conocí,  pero en agradecimiento me llamo Ramón en segunda, lo cual no me agrada mucho.

Encontramos  en ella todo una madre, pero antes que madre era una esposa.  Si mi padre llamaba dejaba todo y ahí se iba a juntar  con él.  Ella muy realista decía, si no voy yo otra va. Papá no era fácil, eso de vivir trabajando en el mundo  publicitario, la radio y la televisión, tiene sus bemoles, y la gorda lo sabía.

El sábado siempre estaban juntos, y nosotros al cine.  Los viernes siempre salían a bailar, a tomar, a estar, de vez en cuando nosotros también nos uníamos, sobre todo si era solo a comer. Los domingos ella iba a misa, cantaba en el coro.

Tenía todo listo, la comida, la ropa, lo que cada quien necesitaba y tocaba el piano, no todas las veces que ella hubiese querido, pero lo hacía. Me contaba de Lecuona, su profesor de piano. Cuando Ernesto Lecuona  murió estuvo muy triste al igual que la Habana entera.

En un tiempo, antes de yo nacer, trabajo en la fábrica de pasta de dientes Fordham, ahí conoció como compañera de trabajo quien sería la esposa de Fulgencio Batista, pero nosotros no mantuvimos ningún contacto, al contrario. En esa época como ella trabajaba había una niñera, Martha, que cuidaba de mi hermana. Ya en mi época, las cosas estaban mejor económicamente hablando y ella se encargo de mi a tiempo completo.

En el exilio fue compañera  de mi padre en todo momento y volvió a trabajar en una fábrica de Chicago, allá conoció a varias mexicanas igual que ella y se juntaban. Había renunciado a ser mexicana y se hizo cubana, y cuando quisimos salir a México nos fue negada la entrada, un mexicano en aquel entonces no podía dejar de ser mexicano así sin más, y se quedó siendo cubana, luego residente americana, no se nacionalizó estadounidense.

Ella de una u otra manera estuvo en la crianza de mis tres hijos, con unos más y con otros menos.  Dudo que ellos la olviden, sobre todo los varones, porque ella tenía debilidad con los varones, incluyendo a Alex, el hijo de mi hermana y mi ahijado, no tanto de Christie, mi sobrina.  Nunca supe por qué ese favoritismo y claro conmigo por igual versus mi hermana.

Ella fue la maestra en cocina de todas las ayudantes que tuvimos en especial de Aracelis que ya hacia la comida cubana  con sus bistés, habichuela negra, ropa vieja, picadillo…y la yucateca como el pollo con jamón y almendras, las lentejas con plátano maduro… igual que ella.

Recibía a todos con cariño, y amor.  Dispuesta siempre a brindar algo: un cafecito con espuma, un mojito, sus famosos tacos, galleticas preparadas o una pasta de lo que apareciese.  Todos sabíamos  que no estaba bien cuando no quería levantarse, sino acostarse, o  no quería salir o comer, una andariega de primer orden y de muy buen  comer, no era para quedar en cama o rechazar una fruta o un dulce.

Se fue un 22 de marzo, su número favorito. Se había casado a los 22 un 22 de febrero.

martes, 23 de noviembre de 2010

La Mínima.

Algo me dice que tenía doce o trece años cuando mi amigo de la cuadra, Luis Iglesias, hoy médico en el país de sus padres, España, me invitó a que lo acompañase en  las noches a la Escuela para Obreros que había en el Colegio de Belén de la Habana que si no me equivoco dirigía el Padre Arango de la Juventud Obrera Católica, JOC.

Luis vivía en la casa justo en frente de la mía y entre el edificio azul de Mary Tere y la inmensa casa de La Princesa. La Princesa era una princesa italiana quien poseía en Camagüey una finca de naranjas y sus naranjas se vendían en el mercado con un sellito morado azuloso que decía, La Princesa. Hoy esa casona es la sede de la milicia en la zona.

Yo no era de Belén sino de una escuela norte americana, de varones y hembras, sin ninguna educación religiosa inlcuida, el término Dios no lo recuerdo en la escuela. De mañana nos enseñaban todo en inglés incluyendo su cultura, Memorial Day y sus tulipanes, Thanksgiving y sus pavos,  Santa Claus y las canciones de trineo y nieve, y otras cosas que ahora no vienen, no surgen.  De tarde teníamos todo en español después de ir a la casa a almorzar. Sinceramente,  en el colegio  me enseñaron a amar a Martí, la patria, honrar la bandera, ser  y estar orgulloso de haber nacido en la isla. Parece una contradicción y lo es, pero funcionó, soy medio agringado en mis gustos, y extremadamente isleño.

Como ya saben, no era de Belén por lo que necesitaba la invitación a asistir a la actividad nocturna y luego   me quedé dando clases a los obreros en horas de la noche, tres veces a la semana, a ser parte de la escuela gratuita.  Para mis padres eso era todo un orgullo de que me dedicase a esta actividad.  La verdad es que la gente del Belén a mi no me caían, cuando pasaba la guagua siempre era un escándalo, como estudiaban varones solos se comportaban como estúpidos al pasar frente a mi casa si estaban  las muchachas del barrio, pues ellas todas se juntaban siempre  en casa.  Es que mi casa era miel para todo el mundo, puede que mi mamá tuviese algo que ver con eso.  Todas las amigas de mi hermana iban allá y se juntaban en la escalera y todos mis amigos se juntaban también allá pero en el garaje, e incluso todas las bicicletas del barrio se guardaban en el garaje de casa. Ese era el centro de operaciones de todos nosotros. Fui a ese enorme colegio varias veces a películas, kermeses y cosas así siempre con mi amigo Luis, Luisito.

 Luisito  es responsable de lo poco o mucho que hice para mi edad  en materia de contra revolución en la Habana con el Directorio Revolucionario Estudiantil, DRE. Yo estaba en 9no curso y fui delegado de la organización en mi colegio hasta la toma por parte del Estado del mismo.  Mis padres no sabían de esto, pero sospechaban algo, según me dijeron más tarde. 

Mi amigo Luis también fue responsable de otra actividad en la cual participé en el 60, tendría 13 años.  Hacía falta personas para el comité de orden de una manifestación religiosa, anti gobierno  en el fondo, el  8 de septiembre, Virgen de la Caridad del Cobre.  Mis padres para esas cosas nunca decían que no mas si era  un acto  religioso con Boza Masvidal, el obispo quien criticaba abiertamente al nuevo gobierno.  Fuimos a la catedral de la Habana a la hora acordada, nos dieron brazalete o distintivo. Mi función era caminar agarrado de brazos con otros a los lados cerrando el paso y siempre  mirando hacia la procesión  frente a la virgen y caminar  de lado por las  calles de la Habana Vieja.  Todo fue bien hasta que detrás de mi sentí  los pasos de botas y más botas.  Tra,tra,tra,tra.  Luego sentir que alguien respiraba  detrás, lo sentí en la nuca,  y un crac.crac al fusil, me imagino, o la sobaron o le pusieron la bayoneta, yo no miré para atrás, ni de juego iba a mirar. Sé que apreté en ese momento  los brazos de los dos compañeros a mi lado, me apreté yo también.

 Ahora, ese ruidito de las botas  y ese crac del fusil, eso, no cabe duda  quedó en una  de mis neuronas bien grabado. La procesión terminó felizmente, se congregó una multitud inmensa.  Boza Masvidal fue invitado a salir del país más tarde y dando  tumbos llego a CARACAS  con el cual trabaje los domingos y nos juntamos hasta en Los Teques, pero eso es otra historia. Guardo un cuadro de San Jorge que Boza me regaló junto al P. Jorge Cuenca en un día de Pentecostés.

Mi amigo Luis es también el responsable de que yo me pusiese en contacto con el colegio Belén de Miami. No había abierto, iba a abrir ese año del 61 a raíz de la salida de la isla de todos los jesuitas, yo no lo sabía aún.  Recién habíamos  llegado a Miami. Luis me escribió y me pidió de favor que fuese a ver al padre Rippoll el cual vivía en White Hall en Brickel con los muchachos de Peter Pan. Fui solo en  autobús. Mis padres aún no habían llegado a Miami.  El padre estaba enfermo por tomar polvo de lavar en lugar de azúcar en  la leche y lo llevaron al Mercy Hospital y hasta allá fui y lo visité, de atrevido yo.  A la segunda vez que fui a visitarle, él mismo me propuso que en lugar de ir a Miami High donde se suponía me tocaba ir a estudiar fuese a Belén.  Yo no tenía dinero, mis padres no estaban, él me dijo que eso no era problema. Me mandó a la Iglesia del  Gesú a hablar con el Padre Arroyo el cual me hizo un examen  en ingles de números y vocales y ya, fui aceptado en el Jesuit  Preparatory  School, alias Belén de  Miami en el segundo piso del Gesú.  En el Jesuit Prep. hice los tres últimos años de secundaria, ahí fui dirigente de la JEC, Juventud  Estudiantil Católica a nivel de la ciudad, ahí conocí a Ricardin, y ahí me empaté de nuevo con el DRE, el Directorio Revolucionario Estudiantil, también  ahí me conquistaron y pase a vivir a Dominicana  en Haina, años más tarde.

Fíjénse todo lo que sucedió por hacerle caso a la carta de Luis al Padre Rippoll, coincidencias!?
En Belén limpiaba el colegio a la salida para pagar mis libros y estudios,  como también repartía la comida en la  cafetería para poder pagar mi lunch. Ellos me dieron y yo puse de mi  lo que podía, un buen intercambio a mi favor.

La formación del colegio era muy, pero muy superior a la del resto de las escuelas de Miami en aquella época.  Teníamos excelentes profesores, cubanos y norteamericanos que vinieron de distintas partes a trabajar con nosotros.  Mi orientador  espiritual era el Padre Federico  Arvesú, éste se encargó de hacerme una pila de test sicológicos y que se yo, para poder entrar al noviciado de Haina. Se supone que para ser jesuita uno debe ser un poco más que los demás, bueno, eso nos lo daban a entender, y nos lo creíamos.  

Un 7 de septiembre de 1964 llegamos a Santo Domingo de Guzmán para fundar el 8 de septiembre, el de la Caridad,  Manresa Loyola en Haina.  Luego vino la revuelta de abril, el trabajo en los hospitales, el estar en el Hospital P. Billini mientras Wessin ametrallaba la ciudad, el recibir a los americanos que entraban por la playa de Haina que ellos llamaron Red Beach y nosotros nos bañábamos en ese momento  en ella.  Vino el trabajar en el proceso de elaboración de los primeros helados Manresa,  para poder nosotros comer, dada la situación del momento, se cambiaban los helados por comida de la  US Army.  Iniciamos un proceso de revolución musical religiosa  con Eduardo de Zayas, y salimos a vender casa por casa un disco 45 que grabamos en Radio Televisión Dominicana. Ayudamos a llevar agua al barrio. Fundé el club cultural 24 de abril en el Km 12 de la Carretera Sánchez,  pienso que el primer club cultural del país. Cosas curiosas de la vida, estuve un tiempo acompañando  al P. Arango, el de la JOC, en sus visitas a distintas partes de la ciudad, la que más recuerdo fue el haber ido al Palacio de la Policía por alguien.

A los dos años, en el 66,  fuimos A Venezuela, Los Teques donde estudiamos “estudios clásicos” e hicimos historia.  Después de dos años  regresamos, pero a Santiago de los Caballeros  para fundar al lado de la UCMM el centro Belllarminio. Pasamos a estudiar filosofía en la universidad.

Estuve 5 años dentro de la Compañía de Jesús. San Ignacio de Loyola le llamaba la mínima,  yo aun  le digo así, la mínima. Cuando salí de la mínima me quedé en Santiago, en una pensión, la de Doña Ninín vda. Grullón, en la Eladio Victoria.

Pensándolo bien, quizás yo debí haber llamado a este escrito, mi amigo Luis, después de todo el  es el responsable de yo estar aquí. 

12 de noviembre 2010


jueves, 18 de noviembre de 2010

Se que lo vi

No todos tenemos la misma capacidad. Algunos dicen oír lo que otros no oyen, ver lo que otros no ven, sentir lo que a otros ni se les ocurre sentir.  También, por supuesto, pensamos que ha sido así y es solo producto de mi imaginación, esquizofrenia, mi mente, mi falta de químicos o exceso de ellos.

Pero, lo vi. Tengo dos testigos del hecho, no que ellos lo vieran no, es que ellos sufrieron la consecuencia de lo que yo vi, mi reacción, mi después de ver. Me dió un ataque de pánico, lloré y lloré y lloré, estuve llorando con gemidos, sin poder emitir palabra casi una hora o más.

Debo aclarar que yo soy de los elegidos a ver, y sentir, escuchar aun no.  Pero cuando menos me lo espero siento lo que al otro ser le pasa, y hay una empatía inmediata y digo cosas sin parar como que va a ser inteligente, pero deben entender que la escuela no es lo que le gusta, sino la música, hay cosas más altas para él, y estoy hablando de un niño que aun no habla o habla poco. De pronto le digo a alguien eso no va a ser así, va a ser de x o de y manera, y te aseguran que se van a  casar y yo de pronto le digo que no, que no me pregunten,  pero eso no se va a dar y no se da.

¿Cuando sucede?, no sé, de pronto, pero se da, y quienes me rodean lo saben, soy medio brujo, dicen. Hubo una época que quien daba el sí al novio o la novia era yo, por lo que yo sintiera. Aclaro, puedo sentir lo de otros, pero no de mi y lo que más quiero, no se me es permitido, estoy bloqueado. Puedo ver una casa en humo saliendo de un lugar especifico, al otro día revisan y por poco había un cortocircuito, pero no puedo ver la mía. La de otros si, y no a todos. Hubo una época que hasta me trasladaba en astral o como deseen llamarlo, y decía lo que veía, cosas eh, ya lo dejé, ya es esporádico, pero hace poco me pasó lo del niño, pueden pensar que era el vodka, pero no.

Criatura  que quiero o me interese y niño o niña a la  que le pongo la mano sobre su cabeza y siento el cosquilleo de su energía, su carga, o simplemente no la siento porque no hay. Una vez echándole agua o bautizando a uno de los sobrinos, me fui, es más fuerte que yo, lo sentí, me fui, pero como me mandaron, id y bautizar, o fue a los apóstoles nada mas?, fue a todo cristiano, y yo aun soy de ese grupo, pues lo bauticé. Pero de que me fui en trance, me fui. Todo se nubló y se me dijo: es más que tu.

Muchos dirán que estoy blofeando, bueno, eso es parte del todo, pero no.

El caso es que lo vi. Era atardeciendo, poca luz para uno concentrarse, meditar, no pensar, meditar, sin hablar, uno mismo  con lo más recóndito de ti.  Ahí estaba frente a mí, sus ojos negros o marrón obscuro brillaban como luceros, me miraban, me arropaban.   Cerré los ojos, los volví a abrir, ahí estaba, no se había ido. Era diferente a como me habían dicho, a como lo pintan, no era algo fuera de este mundo, era normal, un ser común y corriente, pero su sonrisa tenue a lo  Mona Lisa me decía que me amaba. Su nariz como la de su raza, su pelo negro o castaño  enmarañado, si yo lo vi, no duden de eso.  Pueden que ustedes opinen que son cosas de la mente, pero no,  no cabe dudas, lo vi, lo sentí muy adentro, su amor  me removió todo hasta el punto  de que no pude dejar de llorar. Les juro que lo vi. Mis testigos saben que no podía dejar de llorar, lo vi.    

       31 de octubre 2010.